LECTURA DE LA PALABRA - VIERNES/01/02/2019
LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 10, 32-39
32.
Recuerden aquellos primeros tiempos, poco después de haber sido
iluminados, en que tuvieron que soportar un duro y doloroso combate.
33.
Fueron expuestos públicamente a humillaciones y pruebas, tuvieron que
participar del sufrimiento de otros que fueron tratados de esta manera.
34.
Sufrieron con los que iban a la cárcel, les quitaron sus bienes, y lo
aceptaron gozosos, sabiendo que les esperaba una riqueza mejor y más
duradera.
35.
Por eso no pierdan ahora su resolución, que tendrá una recompensa grande.
36.
Es necesario que sean constantes en hacer la voluntad de Dios, para que consigan su promesa.
37.
Acuérdense: dentro de poco, muy poquito tiempo, el que ha de venir llegará; no tardará.
38.
Mi justo, si cree, vivirá; pero si desconfía, ya no lo miraré con amor.
39.
Nosotros no somos de los que se retiran y pierden, sino que somos hombres de fe que salvan sus almas.
Palabra de Dios.
(Te alabamos Señor)
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SALMO 36, 3-4.5-6.23-24.39-40
3.
Confía en el Señor y haz el bien, habita en tu tierra y come tranquilo.
4.
Pon tu alegría en el Señor, él te dará lo que ansió tu corazón.
5.
Encomienda al Señor tus empresas, confía en él que lo hará bien.
6.
Hará brillar tus méritos como la luz y tus derechos como el sol del mediodía.
3.
El Señor guía los pasos del hombre; lo afirma si le gusta su conducta.
24.
Si el bueno cae, no se queda en tierra, porque el Señor lo tiene de la mano.
39.
La salvación de los justos viene del Señor, él es su refugio en tiempos de angustia.
40.
El Señor los ayuda y los libera, salva a cuantos confiaron en él.
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LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 4, 26-34
Parábola del crecimiento de la semilla
26.
Jesús dijo además: 'Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra,
27.
y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo.
28.
La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos.
29.
Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.
Parábola de la semilla de mostaza
30.
Jesús les dijo también: '¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar?'
31.
Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra,
32.
pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas
del huerto y sus ramas se hacen tan grandes que los pájaros del cielo
buscan refugio bajo su sombra.
El uso que Jesús hace de las parábolas
33.
Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente.
34.
No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
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REFLEXIÓN:
Un grano de mostaza parece tan pequeño, insignificante; sería más fácil ignorarlo, que apreciarlo, sería más fácil pisarlo, que recogerlo y sembrarlo. Pero hoy, La Palabra nos invita a recoger y sembrar ese pequeño grano, ese grano casi imperceptible a la vista humana, pero que encierra uno de los mayores tesoros: da frutos, da vida, da cobijo a aquellos y aquellas que lo necesitan.
Es un grano agradecido, porque él, siendo tan pequeño, se vuelve el más grande entre los demás, y de sus frutos, fruto del alma, fruto de amor, se alimentan y se nutren los necesitados.
Acaso cuando vemos a un jardinero que tan alegremente cuida sus flores, ni siquiera lo saludamos, es cuando despreciamos ese pequeño grano de mostaza. Pero el jardinero, con una sonrisa en sus labios, nos brinda su humildad y sinceridad y en su mirada se ve el agradecimiento por la vida, en él, el grano de mostaza ya germinó.
Un grano de mostaza, tan discreto, tan nadie, pero que propone, no se impone, que de a poco, va creciendo, sin romper, sino uniendo.
Es importante entender, que ese grano de mostaza, es La Palabra de Dios, que va creciendo en nosotros, cuando lo aceptamos, cuando lo miramos, cuando lo apreciamos y nos dejamos germinar por ese pequeño grano, entonces somos nostros los que crecemos, los que damos frutos y generamos vida y cobijo, porque todos somos parte de un todo y cuando das amor, ese amor se expande, para crear, no para destruir.
Me despido con esto:
Señor, el grano de trigo que acojo en el cuenco de mi mano
es mi vida, mi amor, mi trabajo, mi alegría, mi fe.
Señor, dame generosidad para sembrar, para sembrarme.
Dame fuerza para quitar las zarzas y las piedras,
las situaciones personales pueden ahogar mi siembra.
Dame paciencia, confianza y fe, para esperar los mejores frutos.
es mi vida, mi amor, mi trabajo, mi alegría, mi fe.
Señor, dame generosidad para sembrar, para sembrarme.
Dame fuerza para quitar las zarzas y las piedras,
las situaciones personales pueden ahogar mi siembra.
Dame paciencia, confianza y fe, para esperar los mejores frutos.
Amén.
Saludos cordiales y bendiciones para tod@s.

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